GONZALEZ VIGIL DEPLORA ACTITUDDE CONDUCTOR DE VANO OFICIO
tomado de http://www.pospost.blogspot.com/
(y retomado del blog de Ocram)
González Vigil responde (última vez) a Iván Thays
Ricardo González Vigil -vía email- me ha remitido la siguiente carta (última) dirigida a Iván Thays, a raíz de los gratuitos agravios que recibiera de parte del conductor de televisión. Cumplo con transmitir la misma, solidarizándome con el poeta y crítico Ricardo González Vigil, uno de los grandes investigadores de la literatura peruana e hispanoamericana que tienen el Perú y América Latina. Aquí el texto de la contundente misiva, con lo cual Ricardo González Vigil pone punto final al enojoso tema. El email tiene fecha 23.95.2007.(SIGUE EN EL CONFESIONARIO)
1 comentario:
Respuesta a Iván Thays
Señor Iván Thays:
Me parece bien que en su segunda respuesta a mi carta electrónica considere usted que: “No es, entonces, el momento de discutir inútilmente sino de conciliar y reconocer la pluralidad de temas, estilos y propuestas que presente la narrativa peruana actual”. En esa línea se compromete a no seguir “contribuyendo a ese juego” y a que su blog “seguirá siendo crítico (…) pero tratando de mantenerme siempre en el terreno de lo estrictamente literario sin cruzar la delgada línea (que algunas veces he cruzado por culpa de mi vehemencia) de la burla o el comentario descalificador”.
Lo que no me parece bien es que, en contradicción con su supuesto objetivo de limar asperezas conmigo, declare: “Soy responsable de todo lo que sostuve y me reafirmo en ello, en aras del fin de la discusión prefiero aceptar que él (González Vigil) tiene una versión distinta de los hechos y buscar el punto medio” (¡¡el punto medio!!, como si se tratara de una conciliación entre opiniones y no de esclarecer hechos que sucedieron o no, sin término medio posible).
Peor aún, en su primera respuesta (estuvo varias horas en la red antes de que usted remitiera la segunda respuesta pidiendo que se borre la primera, y de todos modos puede ser consultada en otro blog que la ha reproducido) usted reitera de manera más extensa las falsedades que yo le rebatía en mi carta, con el agravante de añadir otras, acompañadas de comentarios en contra de mi prestigio y honorabilidad. Debido a ello, por respeto a los lectores de su primera –infame- respuesta, antes de aceptar su pedido (que formula sin rectificación alguna de su parte) de dar “un paso adelante” y no continuar con ese “discutir inútilmente” (originado por pullas y agravios vertidos por usted, y no por mí), me veo obligado a puntualizar lo siguiente:
1. La única vez que he sido invitado a “Vano Oficio” fue en 2002, para hablar (usted mismo me lo especificó así) de la revista “Múltiple”. Ahora usted lanza la posibilidad de que hayan sido sus “productores” (los que, según usted, me invitaron “muchas veces”) los que le mintieron (“si no lo han llamado y me han dado excusas falsas en su nombre lo lamento”), con lo cual usted pretende lavarse las manos.
2. Además, al sostener usted que mandó muchas veces a sus productores que me invitaran a “Vano Oficio”, dice que tiene testigos de ello. Otro tanto asevera al sostener que he llamado a la oficina de Imagen de la PUCP para quejarme de usted. Y, de modo más sibilino, en otro punto sostiene que “hasta dos personas amigas mías” le han comentado lo que usted consigna. Sería saludable que identifique a esas personas y no se refiera a ellas sin especificación alguna.
3. Suena increíble que sus productores le hayan dicho que me excusé argumentando que no me gusta salir en televisión. La verdad es que nunca he buscado aparecer en los programas de televisión, pero he aceptado gustoso y honrado las numerosas invitaciones que he recibido por iniciativa de los responsables de los programas respectivos. Así, tuve a mi cargo el segmento dedicado a los libros en el programa “Luces de la ciudad” que dirigió Eduardo Lores. No daré una lista completa pero consignaré que he sido entrevistado en el canal 7 (ahora TVPerú) por Luis Alberto Sánchez, Ernesto Hermoza, Eduardo Rada y Antonio Zapata, además de breves intervenciones en los noticieros de dicho canal con motivo de algún acontecimiento literario. En otros canales, he sido entrevistado por Pablo de Madalengoitia, César Hildebrandt, Marco Aurelio Denegri (cable), José María Salcedo, Raúl Tola y José Beltrán Peña, además de diversos noticieros. ¡Qué manera de no gustarme salir en TV!
4. Nunca hasta ahora había recibido carta alguna de usted. Las dos primeras han sido la –llamémosla así- “agresiva” (autocensurada) y la “diplomática”, ambas en respuesta a mi carta electrónica en contra de sus reiterados embustes. Vale la pena notar que, en el caso que fuera cierto que hace tiempo me remitió una carta explicando que no pretendió insultarme con su exabrupto en el Encuentro de Narradores en Madrid, usted sería una de esas personas tortuosas que insultan en público y piden disculpas en privado. Otra muestra tortuosa es que, ahora, me endilga primero, falsedades y agravios en su carta “agresiva”, para pocas horas después tenderme las manos para hacer las paces.
5. Jamás he presionado en oficina alguna de la PUCP contra “Vano Oficio”, un programa –vanidad de vanidades- con varios años en el aire.
6. El “retorcido” es usted y no yo, cuando propala impávido conocer lo que yo pienso de mi salida del “Dominical”, al que dejé, quede claro, para pasar a la sección “Crónicas”, ahora llamada “Luces”.
7. Ya que tanto menciona a Alonso Cueto, le aclararé que es falso cuando usted sostiene que jamás he incluido a Cueto en mis antologías (puede ver su cuento “La otra” en “El cuento peruano 1980-1989”) y que “jamás aparece” Cueto en mis recuentos anuales (excepto, según usted, en el recuento del 2005, atribuyéndose que por usted me vi obligado a hacerlo), cuando fácilmente puede constatarse que en todos los años que se ha publicado una nueva novela o un nuevo volumen de cuentos de Cueto, los he tenido en cuenta en mis recuentos. Además, sería conveniente para su Cuetomanía que se entere que elogié el primer libro de Cueto (“La batalla del pasado”, 1983) cuando salió y que en la nota que le dedico en “El cuento peruano 1980-1989” considero que ha asimilado el legado de Henry James, Carver, la “novela negra” de Hammett y Chandler, y la narrativa sentimental (no todo es Carver, pues, en mi visión de Cueto, también cabría apuntar lo que ha aprendido en Hemingway, Faulkner y, por cierto, Maupassant y Camus). Algo más: integré el Jurado (con Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Ribeyro y Blanca Varela) que en 1985 otorgó el Premio Wiracocha de Novela a “El tigre blanco” de Cueto, por no insistir en que fui asesor de su tesis de bachillerato.
8. En su respuesta “agresiva” usted se burla de que haya hablado de un “Dante peruano”. Por respeto y admiración al gran poeta Enrique Verástegui he dejado pasar la perfidia con que usted numerosas veces, desde hace años, tergiversa la alta valoración en que tengo a Verástegui y su afán de seguir el ejemplo de Dante. Nunca he usado la expresión “Dante peruano”; le desafío a mencionar el escrito en que figuraría.
9. Usted aberrantemente subestima no sólo mis conocimientos literarios y capacidad crítica, sino la inteligencia de sus lectores. Resulta delirante (a modo de un desatino infantil que mueve a risa más que a estupor) cómo alevosamente distorsiona mis opiniones sobre la literatura norteamericana (rica en escritores universales, y no sólo un mercado masificador de “bestsellers” y literatura “light”) y la imitación epidérmica y exangüe que sufre a cargo de numerosos poetas y narradores peruanos e hispanoamericanos, tan distinta de la asimilación creadora que han hecho grandes escritores del legado genial de Poe (ahí Quiroga, Borges y Cortázar, por ejemplo), Whitman (Vallejo y Neruda, nada menos), Faulkner (Rulfo, Onetti, García Márquez y Vargas Llosa, señaladamente), por mencionar sólo algunos casos sobresalientes. El problema es que siempre hay imitadores sin fuerza creadora propia, y grandes autores que hacen suyo, con una reelaboración propia, el magisterio de autores universales: griegos, chinos, franceses, italianos, españoles, norteamericanos, de cualquier cultura o idioma. Usted demuestra una falta total de criterio y ponderación cuando pretende descalificarme crítica y académicamente inventándome una fobia a todo lo que tenga que ver con el poderoso país del norte: “(González Vigil) Es incapaz de reconocer que los EEUU es un país que tiene no sólo grandes escritores sino estupendos lectores, revistas especializadas, académicos, intelectuales y universidades” (¿!).
Para su información, he dado conferencias en la Universidad de Oklahoma, donde fui presentado (me veo obligado a decirlo no por vanidad, sino por desnudar la necedad suya) como el mejor crítico literario peruano; en términos similares me califica una antología bilingüe de la poesía peruana, editada por la Universidad de Oregon. Numerosos especialistas que trabajan en EEUU, como también en Inglaterra (verbigracia, James Higgins y Stephen Hart), Francia (mi edición anotada de “Los ríos profundos” de Arguedas fue declarada lectura obligatoria por el Ministerio de Cultura para los que estudian pedagogía), Italia, España, etc., han dado relevancia a mis aportes críticos. Y he decidido quedarme a trabajar en el Perú, desechando invitaciones para radicar en EEUU o España). De otro lado, la Academia Sueca me ha honrado pidiéndome mi opinión sobre escritores del Perú y el mundo entero que merecen recibir el Premio Nobel de Literatura.
Final:
Con esto doy por concluida toda discusión con usted. Tengo labores más importantes y necesarias (hay tanto que hacer a favor de la lectura y el desarrollo de los estudios literarios en nuestro país) que perder el tiempo en dimes y diretes. ¿Para qué seguir comunicándome con usted, ya que desprecia mi labor crítica, me conceptúa ignorante y encasillado, víctima incluso de “paranoia”?
Ricardo González-Vigil
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Respuesta (omitida por Thays) a González Vigil
(fuente PEH)
Señor González Vigil:
Me alegra mucho que ud. haya decidido contestar dando la cara este correo, en vez de escudarse en las usuales indirectas infantiles con que riega sus artículos. Espero que entienda que, a diferencia de muchos que usan los blogs como medios para divertirse calumniando a los demás, yo estoy absolutamente consciente de la responsabilidad de participar en este medio. Por tanto, jamás hubiera dicho algo que no esté en capacidad de probar si se me exige.
Tengo testigos de que mandé a mis productores a invitarlo al programa no una sino muchas veces, incluyendo la emisión siguiente luego de mis objeciones a su manual literario. En esa ocasión, recuerdo, me dijeron que se excusó argumentando que no le gustaba salir en televisión. Si eso es falso y mis antiguos productores me han mentido, le pido disculpas y lo invito desde ya, públicamente, a Vano Oficio.
Tengo testigos también de que ud. llamó al director de la oficina de imagen de la Católica al día siguiente de haber aparecido en “Caretas” la nota de Jerónimo Pimentel en la que se decía que yo insultaba a un “prestigioso catedrático de la universidad que lo auspicia”. Llamó para quejarse de mis críticas (¿qué sentido tenía esa llamada si no es censurar?) y le indicaron que hace años esa oficina no tiene contactos conmigo y que, en todo caso, se comunique con el Fondo editorial de la Universidad.
Sobre la carta, queda en mi conciencia el habérsela enviado al email que aparece en la página web de la pucp. Y en la suya si la recibió y prefirió obviarla o si no la recibió. Si lo desea puedo reenviar esa carta (aunque el contenido de la misma lo haré público aquí).
Me alegra mucho que ud. haya decidido contestar dando la cara este correo, en vez de escudarse en las usuales indirectas infantiles con que riega sus artículos. Espero que entienda que, a diferencia de muchos que usan los blogs como medios para divertirse calumniando a los demás, yo estoy absolutamente consciente de la responsabilidad de participar en este medio. Por tanto, jamás hubiera dicho algo que no esté en capacidad de probar si se me exige.
Tengo testigos de que mandé a mis productores a invitarlo al programa no una sino muchas veces, incluyendo la emisión siguiente luego de mis objeciones a su manual literario. En esa ocasión, recuerdo, me dieron que se excusó argumentando que no le gustaba salir en televisión. Si eso es falso y mis antiguos productores me han mentido, le pido disculpas y lo invito desde ya, públicamente, a Vano Oficio.
Tengo testigos también de que ud. llamó al director de la oficina de imagen de la Católica al día siguiente de haber aparecido en “Caretas” la nota de Jerónimo Pimentel en la que se decía que yo insultaba a un “prestigioso catedrático de la universidad que lo auspicia”. Llamó para quejarse de mis críticas (¿qué sentido tenía esa llamada si no es censurar?) y le indicaron que hace años esa oficina no tiene contactos conmigo y que, en todo caso, se comunique con el Fondo editorial de la universidad. Sobre la carta, queda en mi conciencia el habérsela enviado al email que aparece en la página web de la pucp. Y en la suya si la recibió y prefirió obviarla o si no la recibió. Si lo desea puedo reenviar esa carta (aunque el contenido de la misma lo haré público aquí).
Finalmente, hasta dos personas amigas suyas me han comentado que ud. mismo se ha quejado de su salida de “El Dominical” aludiendo a Alonso Cueto, y sé de una reunión explícita con ud., Cueto y el entonces editor de “El Comercio”, Manuel Cisneros, en que se trató este tema. Así que no entiendo por qué argumenta que es “primera noticia” la que tiene sobre el asunto. En todo caso, lo que sí me preocupa es que manipule mi frase: “deje de censurar a un autor tan indudablemente significativo como Alonso Cueto sólo porque piensa que lo echó de El Dominical” para, retorcidamente, ver en ella una improbable “confesión de parte” o una declaración de que Cueto le tiene animadversión (?), o peor aún deducir que estoy aceptando que Cueto es capaz de hacer “de las suyas” en el diario.
Por cierto ¿qué es eso de “de las suyas”? ¿Participa de las intrigas de quienes llaman “mafiosos” a los escritores que han estado o están vinculados a “El Comercio” pese a que ud. le consta, porque trabaja ahí décadas, que jamás nadie le ha impuesto el nombre de ningún escritor y que si fuera cierto aquello de que ellos controlan los medios, nunca podría ud. seguir de crítico en esa institución luego de silenciar durante años el nombre de Cueto o de evitar publicar reseñas de Ampuero, pese a que le confesó en privado que el libro le gustó, por temor a enemistarse con sus amigos.
En fin, esto se convierte en “mi palabra contra la suya” y así no se avanza mucho por lo que, siguiendo el lema “Imprima, no deprima” de Martín Romaña, le detallo lo siguiente para que, al menos de mi parte, esté todo aclarado y no tenga que deducir nada.
Frances Farmer
Me sorprende, o me enternece, que un crítico sea tan poco objetivo consigo mismo como para darse cuenta de que un comentario suyo a mis libros o a mi carrera tiene poca o ninguna importancia para mí. ¿Cómo podría tenerla después de todas las críticas que le he hecho a su manera de ver la literatura? No soy yo quien quiere quedar bien con Dios y con el Diablo. Si quiere pensar que mis frecuentes críticas a su labor son porque no me hizo una reseña hace ¡15 años! está en su derecho, pero ése es su problema y su paranoia. En todo caso, lo significativo de ese párrafo es que descubro que ud. sí cree en la posibilidad de que alguien elabore venganzas literarias por malentendidos ocurridos décadas atrás. ¿Hace eso ud.?
Por otra parte, desde la aparición en el 92 de Las fotografías de Frances Farmer, nos hemos encontrado en decenas de oportunidades, e incluso he llevado sus cursos de licenciatura, sin problemas ni asperezas. Y en todas las oportunidades en que se ha referido a mi obra públicamente (en los recuentos literarios del año, en la ceremonia del copé y en la antología de petroperú que cita) lo ha hecho de manera positiva. ¿Por qué entonces seguiría “molesto” porque no le gustó mi primer libro o porque no me considera “el mejor” de mi promoción? Le puedo asegurar que lo menos que quisiera es que me califique como el “Dante peruano” o algo más excelso. Hay halagos que lo dejan a uno más en ridículo que los insultos.
Vano Oficio
Como he dicho antes, no soy yo quien llama a las personas para que asistan a Vano Oficio sino mis productores. Yo sugiero nombres y luego ellos me dicen si aceptaron o no. Yo he sugerido su nombre muchas veces, no sólo una en el 2002, y si no lo han llamado y me han dado excusas falsas en su nombre lo lamento. Pero como el tema es si hay o no censura en Vano Oficio, quiero reiterarle mi invitación –esta vez pública- para discutir sobre el libro que ud. escoja en el programa.
Insulto
En el email que, según dice, no le llegó, le comentaba las circunstancias para mí desagradables de cómo algo terminé insultándolo sin pretenderlo. Yo había preparado un texto para leer en la mesa redonda de Madrid pero el moderador, Jorge E. Benavides, pidió que contestáramos preguntas antes que leer ponencias. Intenté entonces decir algunas de las cosas que llevaba anotadas, pero en el atolondramiento me di con la sorpresa de que muchas personas asumieron que lo había apodado, arbitrariamente: “cáscara de nuez”. Y así lo reseñaron, lamentablemente para mí, tanto Yolanda Vaccaro como Alonso Cueto. En mi artículo de “Caretas” quise anunciar ese atolondramiento de mi parte hablando del jet lag y, en efecto, cuidándome de no mencionar su nombre. La mención del tema en “Caretas”, si la lee con atención, fue un llamado de atención a mí mismo. Quiero confesarle que no hay nadie más apenado con el asunto que yo.
Lo que tenía escrito, y pretendí explicar torpemente entonces y por ello se ha reducido a un insulto, es que los escritores autodenominados “andinos” o “excluidos” viven pendientes de quienes salen en los periódicos más célebres y no en las críticas serias de las revistas universitarias, y que mueren por ser comentados por un crítico que tiene “el cerebro como aquella cáscara de nuez que menciona Hamlet en aquel verso (y ahí lo citaba) que usó de epígrafe Borges en El Aleph”. El verso dice algo así como: “cómo puedo vivir en una cáscara de nuez y sentirme el rey del universo”. He usado esa metáfora en varios artículos y en una novela mía. Con “cáscara de nuez” yo interpreto la idea de alguien que vive limitado en un país, se alimenta de lo que está a su alrededor, se acostumbra a entender, archivar y sistematizar sólo lo que está al alcance de su mano, y al final de la jornada se siente satisfecho con tan poco y busca gobernar su estrecho mundo como si fuese el universo entero, hasta que, de pronto, tiene que enfrentarse con algo que no está en su clasificación y no lo entiende, incluso lo espanta, y decide rechazarlo de plano.
Es decir, Hamlet y el fantasma de su padre. González Vigil y toda aquella literatura que no está ceñida a sus esquemas.
Con esa metáfora buscaba sintetizar mi crítica más constante contra su trabajo: ha segmentado, sistematizado y rotulada toda la literatura peruana, y aquello que no encaja en su esquema lo rechaza de plano o lo considera, incluso, nocivo, incapaz de darse cuenta de que ponerle límites al cerebro es confinarse a vivir en una cáscara de nuez.
Sin embargo, luego entendí que por la forma atolondrada y sin mayores detalles con que pronuncié la frase, ésta, una vez fuera de contexto, quedaba como un insulto inútil, como si la metáfora se redujera a un agravio del tipo “cerebro de pájaro” o “mononeuronal” lo que JAMAS FUE MI INTENCION. Es mi culpa, no la de Yolanda ni Alonso, que esa frase se convirtiera en un insulto y por eso, como le decía en la carta de disculpa, le pedía excusas por el mal rato e incluso le decía estar dispuesto a comentar el error en público si así me lo pedía (como no recibí respuesta, supuse que no le interesaban mis disculpas).
Alonso Cueto
Me pregunto honestamente: ¿ha leído ud. a Raymond Carver? O mejor aún, ¿Ha leído a Alonso Cueto? Ningún lector más o menos lúcido, y menos aún un crítico y profesor universitario como ud., puede sostener seriamente que Cueto es un exangüe imitador de Carver. ¿Qué tienen de minimalistas novelas como Demonio del mediodía, Grandes miradas y La hora azul? Puede que en algunos cuentos de sus inicios, y en un par de ellos posteriores, exista alguna influencia, pero eso son los menos. Insistir en comparar a Cueto con el minimalismo es caer en ridículo ante todo aquel que haya leído las obras de ambos autores. Hacerlo, como la hace ud., solo para ridiculizarlo es patético.
Me queda en claro por diversos artículos que ha publicado (como uno reciente publicado por Paolo de Lima en su blog), que en su sistema literario, creado en los 70 pero que insiste en mantener en vigencia hasta hoy, la influencia norteamericana es siempre “sospechosa”, y lo que viene de ese país es siempre “imperialista” o “bestselleresco”. Se imagina a los autores norteamericanos (sin detenerse a diferenciar a Dan Brown de Tomas Pynchon) como capitalistas vendidos al sistema para expeler literatura light, y a los lectores norteamericanos como unos monos manipulados por las grandes empresas editoriales. Es incapaz de reconocer que los EEUU es un país que tiene no sólo grandes escritores sino estupendos lectores, revistas especializadas, académicos, intelectuales y universidades. Sí, también universidades de primer nivel, desde donde salen futuros profesionales que pueden ocupar con justicia los puestos de profesores que, para algunos, deben ser ofrecidos solo a quienes han estudiado en el Perú. Me pregunto: ¿cuál es el origen de su xenofobia? ¿Un problema de desfase histórico o la amenaza siempre latente de que estudiantes que regresan becados por EEUU (como lo hizo Cueto en los 80) puedan criticar la inactualidad de su bibliografía o, sálvese dios, incluso aspirar a su puesto?
Creo que si ha leído de una manera tan parametrada a Alonso Cueto y lo considera un mal escritor, tiene todo el derecho de no comentar ninguna obra suya (aunque podría hacerlo para rechazarla con argumentos y no con intrigas). Pero lo que ha hecho es borrarlo completamente del mapa. Pese a que sus muestras antológicas son muy generosas, y coloca incluso a autores que tienen un solo cuento en una revista, jamás coloca un texto de Alonso Cueto. ¿Raro no? En sus manuales, así como en sus extensos panoramas de la literatura peruana actual, excluye su nombre por completo o, en todo caso, lo entrevera en una lista hasta hacerlo invisible. Y en los recuentos del año jamás aparece (la única mención que hizo de él fue cuando hizo el recuento de los premios del 2005, luego de que yo pusiera en evidencia su mezquindad al atacarlo camufladamente la misma semana en que recibió el premio). ¿Más? Recuerdo perfectamente la reseña que hizo al libro de Luis Jaime Cisneros Los trabajos y los días que fue antologado, anotado y prologado por Alonso Cueto. Ninguna mención a su nombre. Si eso no es silenciar a alguien ¿entonces qué? ¿Insiste en decir lo que a todas luces es obvio, que ud. silencia y ningunea a Alonso Cueto? Y discúlpeme si insisto en pensar que este no es un tema literario sino personal.
Por otra parte, ojalá entienda que ése no es un problema de Alonso Cueto, que sigue publicando y ganando cada vez más prestigio con esas supuestas “exangües imitaciones de Carver”, y tampoco mío, sino suyo. En vez de hacerse la víctima, debe hacerse responsable de sus resentimientos, sus problemas extra-literarios y del desprestigio que acarrea pretender ningunear a un escritor con el talento y la proyección (para mala suerte suya) de Cueto. Sea honesto consigo mismo y no se coloque como ejemplo de un crítico insobornable y objetivo que quiere “romper con el amiguismo” porque, como sus actitudes lo demuestran, dista mucho de serlo.
IVAN THAYS
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